Discurso del Papa Benedicto XVI al mundo de la política, la empresa y la cultura de Croacia

Discurso que Benedicto XVI pronunció en el Teatro nacional
croata de Zagreb, en la tarde de este sábado, en el encuentro con
exponentes de la sociedad civil, del mundo político, académico,
cultural y empresarial, con el cuerpo diplomático, y con los líderes
religiosos.

Zagreb, sábado 4 de junio de 2011.

Señor presidente,
señores cardenales,
ilustres señores y señoras,
queridos hermanos y hermanas:

Me alegra mucho entrar en lo vivo de mi visita encontrándome con
ustedes, que representan ámbitos cualificados de la sociedad croata y al
Cuerpo Diplomático. Mi cordial saludo se dirige personalmente a cada uno
y también a las entidades vitales a las que pertenecen: a las comunidades
religiosas, a las instituciones políticas, científicas y culturales, a los
sectores artísticos, económicos y deportivos. Doy cordialmente las gracias
a monseñor Puljic y al profesor Zurak por las amables palabras que me
han dirigido, así como a los músicos que me han acogido con el lenguaje
universal de la música. La dimensión de la universalidad, característica
del arte y de la cultura, es particularmente connatural al cristianismo y a
la Iglesia católica. Cristo es plenamente hombre, y todo lo que es humano
encuentra en Él y en su Palabra plenitud de vida y significado.

Este espléndido teatro es un lugar simbólico, que manifiesta vuestra
identidad nacional y cultural. Poder encontraros aquí a todos juntos es otro
motivo de alegría del espíritu, porque la Iglesia es un misterio de comunión
y se alegra siempre de la comunión, en la riqueza de la diversidad. La
participación de los representantes de otras Iglesias y Comunidades
cristianas, así como también de la religión judía y musulmana, contribuye
a recordar que la religión no es una realidad separada de la sociedad, sino
un componente suyo connatural, que constantemente evoca la dimensión
vertical, la escucha de Dios como condición para la búsqueda del bien
común, de la justicia y de la reconciliación en la verdad. La religión pone al
hombre en relación con Dios, Creador y Padre de todos, y, por tanto, debe

ser un factor de paz. Las religiones deben purificarse siempre según esta
verdadera esencia suya para corresponder a su genuina misión.

Y aquí quisiera introducir el tema central de mi breve reflexión: el de
la conciencia. Éste atraviesa los diferentes campos en los que ustedes están
comprometidos y es fundamental para una sociedad libre y justa, tanto a
nivel nacional como supranacional. Naturalmente, pienso en Europa, a la
que desde siempre Croacia pertenece en el ámbito histórico-cultural y a la
que está por entrar en el político-institucional. Pues bien, hay que
confirmar y desarrollar las grandes conquistas de la edad moderna, es decir,
el reconocimiento y la garantía de la libertad de conciencia, de los derechos
humanos, de la libertad de la ciencia y, por tanto, de una sociedad libre,
manteniendo abiertas, sin embargo, la racionalidad y la libertad en su
fundamento trascendente, para evitar que dichas conquistas se
autodestruyan, como debemos constatar lamentablemente en bastantes
casos. La calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia,
dependen en buena parte de este punto “crítico” que es la conciencia, de
cómo es comprendida y de cuánto se invierte en su formación. Si la
conciencia, según el pensamiento moderno más en boga, se reduce al
ámbito de lo subjetivo, al que se relegan la religión y la moral, la crisis de
occidente no tiene remedio y Europa está destinada a la involución. En
cambio, si la conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la
verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en
humanidad, que es la fuerza contra cualquier dictadura, entonces hay
esperanza de futuro.

Agradezco al profesor Zurak que haya recordado las raíces cristianas
de numerosas instituciones culturales y científicas de este país, como ha
sucedido también en todo el continente europeo. Es necesario recordar
estos orígenes, además, por fidelidad a la verdad histórica, y es importante
saber leer en profundidad dichas raíces, para que puedan dar ánimo
también al hoy. Es decir, es decisivo percibir el dinamismo que hay en un
acontecimiento, como, por ejemplo, el nacimiento de una universidad, o de
un movimiento artístico o de un hospital. Hay que comprender el porqué y
el cómo de lo que ha sucedido, para apreciar en el hoy dicho dinamismo,
que es una realidad espiritual que llega a ser cultural y por tanto social.
Detrás de todo hay hombres y mujeres, personas, conciencias, movidas por
la fuerza de la verdad y del bien. Se han citado algunos hijos ilustres de
esta tierra. Quisiera detenerme en el Padre Ruder Josip Boškovic, jesuita,
nacido en Dubrovnik hace ahora trescientos años, el 18 de mayo de 1711.
Él encarna muy bien la buena compenetración entre fe y ciencia, que se
estimulan mutuamente para una búsqueda al mismo tiempo abierta,
diversificada y capaz de síntesis. Su obra cumbre, la Theoria philosophiae
naturalis, publicada en Viena, y después en Venecia a mitad del siglo
XVIII, tiene un subtítulo muy significativo: redacta ad unicam legem

virium in natura existentium, es decir, “según la única ley de las fuerzas
existentes en la naturaleza”. En Boškovic encontramos el análisis, el
estudio de las múltiples ramas del saber, pero también la pasión por la
unidad. Y esto es típico de la cultura católica. Por eso mismo, la fundación
de una Universidad Católica en Croacia es signo de esperanza. Deseo que
ella contribuya a crear unidad entre los diversos ámbitos de la cultura
contemporánea, los valores y la identidad de vuestro pueblo, dando
continuidad a la fecunda contribución eclesial a la historia de la noble
nación croata. Volviendo al padre Boškovic, los expertos dicen que su
teoría de la “continuidad”, válida tanto en la ciencias naturales como en la
geometría, concuerda de forma excelente con alguno de los grandes
descubrimientos de la física contemporánea. ¿Qué podemos decir?
Rindamos homenaje al ilustre croato, pero también al auténtico jesuita;
honremos al cultivador de la verdad que sabe bien lo mucho que ésta lo
supera, pero que, a la luz de la verdad, sabe también emplear a fondo los
recursos de la razón que Dios mismo le ha dado.

Pero, además del elogio, es preciso también valorar el método, la
apertura mental de estos grandes hombres. Volvamos, por tanto, a la
conciencia como clave para el desarrollo cultural y la construcción del bien
común. En la formación de las conciencias, la Iglesia ofrece a la sociedad
su contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza
en la familia y que encuentra un apoyo importante en la parroquia, donde
niños y adolescentes, y también los jóvenes, aprenden a profundizar en
la Sagrada Escritura, que es el “gran código” de la cultura europea; y
aprenden al mismo tiempo el sentido de la comunidad fundada en el don,
no en el interés económico o en la ideología, sino en el amor, que es “la
principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de
toda la humanidad” (Caritas in veritate, 1). Esta lógica de la gratuidad,
aprendida en la infancia y la adolescencia, se vive después en otros
ámbitos, en el juego y el deporte, en las relaciones interpersonales, en
el arte, en el servicio voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez
asimilada se puede manifestar en los ámbitos más complejos de la política
y la economía, trabajando por una polis que sea acogedora y hospitalaria
y al mismo tiempo no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos
humanos, con una fuerte dimensión ética. Aquí es donde los fieles laicos
están llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por
los principios de la Doctrina social de la Iglesia, en favor de una laicidad
auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida y la familia, la libertad
religiosa y de educación.

Ilustres amigos, su presencia y tradición cultural croata me han
sugerido estas breves reflexiones. Se las dejo como signo de mi estima y
sobre todo de la voluntad de la Iglesia de caminar con la luz del Evangelio
en medio de este pueblo. Les doy las gracias por su atención y bendigo de
corazón a todos ustedes, a sus seres queridos y sus actividades.

“VERDAD Y LIBERTAD” JOSEPH CARDENAL RATZINGER EN HUMANITAS N.14

El hombre es imagen de Dios precisamente en la medida en que el ser “desde”, “con” y “para” constituye el patrón antropológico fundamental.

En la mente del hombre contemporáneo la libertad se manifiesta en gran medida como el bien absolutamente más elevado, al cual se subordinan todos los demás bienes. Consecuentes con lo anterior, las decisiones de los tribunales atribuyen a la libertad artística y a la libertad de opinión preponderancia por encima de todos los demás valores morales. Los valores que compiten con la libertad o que pueden requerir una restricción de la misma parecen ser trabas o “tabúes”, es decir, restos de prohibiciones y temores arcaicos. Para ser aceptada, la política de los gobiernos debe dar muestras de contribuir al progreso de la libertad. Incluso la religión logra hacer oír su voz únicamente presentándose como fuerza liberadora del hombre y la humanidad. En la escala de valores de la cual el hombre depende para su existencia humana, la libertad aparece como el valor básico y el derecho humano fundamental. En contraste, tendemos a reaccionar suspicazmente ante el concepto de verdad: recordamos que ya se ha recurrido al término “verdad” en muchas opiniones y sistemas, y que la afirmación de la verdad ha sido a menudo un medio para suprimir la libertad. Por otra parte, las ciencias naturales han alimentado el escepticismo en relación con todo aquello que no puede explicarse o demostrarse mediante sus métodos exactos. Todo esto parece en definitiva ser puramente una asignación subjetiva de un valor que no puede aspirar a un carácter universalmente obligatorio. La actitud moderna hacia la verdad se resume en la forma más sucinta en la pregunta de Pilatos: “Qué es la verdad?”. Quienquiera afirme estar al servicio de la verdad con su vida, su palabra y su acción debe estar dispuesto a ser considerado un soñador o un fanático, porque “el mundo del más allá está cerrado a nuestra mirada”. Esta frase del Fausto de Goethe caracteriza nuestra actual sensibilidad común. Indudablemente, la perspectiva de una pasión enteramente segura de sí misma por la verdad sugiere motivos suficientes para preguntar cautelosamente “¿Qué es la verdad?”. Sin embargo, existen motivos igualmente válidos para plantear la interrogante “¿Qué es la libertad?”. ¿Qué queremos realmente decir al exaltar la libertad ubicándola en el pináculo de nuestra escala de valores? A mi modo de ver, el contenido en general asociado por las personas con la exigencia de libertad está explicado muy acertadamente en los términos de un pasaje de Karl Marx en el cual éste expresa su propio sueño de libertad. …

Lee el artículo completo en “VERDAD Y LIBERTAD” JOSEPH CARDENAL RATZINGER

Webs de amigos que me han ayudado con esta página: